El suelo como organismo vivo

Bajo nuestros pies hay una capa muy delgada, muchas veces olvidada, que lo sostiene todo: EL SUELO. Un recurso vital, limitado, y no renovable, al menos en la escala de tiempo humana ya que para que se pueda formar un centímetro de suelo puede tardar hasta miles de años.

Gracias a los avances tecnológicos se ha logrado demostrar algo que se podría considerar como un nuevo paradigma, y es que “el suelo es un organismo vivo” ya que este respira, se alimenta, se reproduce e incluso puede llegar a enfermar y hasta morir.

Este ente vivo y dinámico está compuesto por materia orgánica, minerales y seres vivos de todo tipo, desde microorganismos a animales que pueden observarse a simple vista. Toda esta vida interactúa entre sí formando la red alimentaria del suelo (o red trófica edáfica), de la que depende la propia biodiversidad de la zona.

Cuando los diversos organismos del suelo interactúan entre sí y con las plantas y animales del ecosistema, forman una compleja red de actividad ecológica denominada red alimentaria del suelo (red trófica edáfica).

Muchas veces nos preguntamos: ¿Por qué no crecen las plantas en algunos suelos? La respuesta es simple: porque están muertos. Y esta nueva forma de ver y comprender al suelo nos obliga a tratarlo de una manera totalmente diferente a la que venimos haciendo desde los inicios.

Al incorporar constantemente sustancias de síntesis química (Fertilizantes, pesticidas, etc.), se genera un estrés ya que se modifica la acidez del suelo, se eliminan ciertas especies de microorganismos desequilibrando el suelo y por otro lado se inmovilizan o bloquean nutrientes en el mismo…

Y esto es algo que el productor en general no conoce: “Un suelo estresado hará que su cultivo no alcance el potencial a pesar de todos los esfuerzos que haga”. El problema es que se cree que la solución está en agregar más fertilizantes o más plaguicidas, y realmente no es el camino adecuado.

La ONU (Organización de las Naciones Unidas) advierte que, si no tomamos medidas, para el 2050 más del 90% de los suelos del planeta podrían estar degradados.

¿Cómo empezar a construir un suelo vivo?

Alimenta tu suelo: La mejor manera de alimentar y proteger el suelo es aplicar regularmente materia orgánica o compost y mantenerlo cubierto con plantas. El suelo se alimenta de las excreciones de las plantas, principalmente, y es por esa íntima relación simbiótica que al sufrir este alguna alteración, repercute directamente sobre el cultivo provocando una serie de problemas.

Incorpora microorganismos: Está comprobado que los microorganismos son los seres vivos más sensibles a los cambios, por lo que son los primeros que mueren, mutan o cambian sus proporciones ante las malas prácticas. La recomendación apunta a incorporar ciertos grupos funcionales microbianos naturales faltantes que tienen la cualidad de funcionar sinérgicamente en el suelo devolviéndole la vida que fue perdiendo.

Un suelo sano mantiene las plantas sanas y plantas sanas aportan una alimentación sana, que a su vez mantienen los hombres física y mentalmente sanos. Y personas sanas con un espíritu sano no destruyen su base vital ni el medio ambiente en el que viven, por el contrario lo conservan. No solamente cuidan sus suelos y su medio ambiente, sino que también cuidan a sus semejantes creando bienestar y paz.

Puedes aprender más sobre los suelos fértiles y sus beneficios, para ello te invitamos a que participes del siguiente Taller OnLine acerca de Diagnóstico de suelos:

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