Hablemos de resistencias

Muchos de vosotros os habréis percatado de que, últimamente, cuesta más controlar las plagas que hace algunos años.

Lo que antes con una pequeña aplicación de un producto determinado desaparecía, ahora parece ni inmutarse ante el tratamiento. Lo estamos viendo en plagas y malas hierbas sobretodo, pero podría ampliarse hasta enfermedades.

Esto que estamos viviendo no es más que un acelerón a la selección natural de las especies de plagas.

Señoras y señores, estos últimos años nos hemos dedicado a crear plagas súper resistentes a muchos tipos de químicos, mientras que, por otro lado, eliminábamos a los depredadores de estas plagas.


A ver, a ver, a ver, espera. ¿Cómo que hemos creado plagas súper resistentes? ¿Acaso no las estábamos eliminando para que no se comieran nuestros cultivos?

Poneos cómodos, que os lo explicaré todo aquí.

En primer lugar, ¿qué es una resistencia?

La RAE (Real Academia Española de la Lengua) define resistencia como la acción y efecto de resistir o resistirse; y resistir, a su vez, se define como tolerar, aguantar, PERVIVIR.

Que una plaga, flora adventicia o enfermedad sea resistente a un tratamiento, significa que tiene la capacidad de tolerarlo, de aguantar dicho tratamiento, sin morir. Ha desarrollado ciertas cualidades que le permiten resistir perfectamente o, al menos, lo suficiente como para dar lugar a una nueva generación de su especie (a reproducirse, vaya).

¿Cómo sucede esto?

Basándonos en la teoría de la evolución de Charles Darwin, la evolución sucede al tener descendencias con “modificaciones”.

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Darwin sugirió, que el mecanismo por el que se daba la evolución y prevalecían unas “modificaciones” sobre otras era la selección natural. La selección natural hace que las características que permiten una mejor supervivencia y reproducción, se vuelvan más comunes en una población a lo largo del tiempo.

Imaginemos que tenemos una plaga de pulgones. Realizamos nuestro tratamiento fitosanitario correspondiente y, de 100 pulgones que teníamos mueren 90. Hemos disminuido nuestra plaga hasta un nivel aceptable, así que quedamos conformes con nuestro tratamiento.

Al año siguiente, volvemos a tener una plaga de pulgones, y volvemos a usar nuestro tratamiento que tan bien nos fue el año pasado. De 100 pulgones, ahora han muerto 85. Bastante bien, ¿no?

Pasados dos años, volvemos a tener pulgón, esta vez tenemos 300 pulgones. Realizamos nuestro tratamiento con nuestro producto de siempre y… vaya, pues solo se han muerto 100.

¿Os suena a algo que esté pasando en la actualidad?

¿Cómo hemos llegado hasta aquí?

El primer año dejamos vivos 10 pulgones que habían logrado resistir a nuestro producto, por ejemplo, porque tenían una molécula (enzima) en el estómago que contrarrestaba los efectos del producto y hacía que no les hiciera efecto. Esos 10 pulgones tuvieron descendencia, y al año siguiente, había más pulgones con esa enzima en el estómago. De nuevo, aplicamos el tratamiento con el mismo producto y eliminamos a los pulgones que no tenían esa enzima, pero el resto sobrevive y se multiplica.

Llega un punto en que la mayoría de los pulgones ya tienen esa enzima en su estómago, por lo que al entrar en contacto con el fitosanitario, no les hace ningún efecto. Se han vuelto resistentes.

Además, mientras tanto, hemos ido disminuyendo la cantidad de insectos que se alimentaban de pulgones (bien por el efecto del fitosanitario, o al disminuir mucho las poblaciones de golpe, los depredadores se quedan sin alimento y mueren), por lo que nos hemos quedado solos frente al problema. Por eso, el último año de nuestro ejemplo, ya no tenemos solo 100, ahora tenemos los 100 de todos los años más los 200 que no han podido comerse los depredadores de la plaga.

Imaginaos hacer esto durante muchos años, con muchos productos químicos. El resultado es el que tenemos ahora. Productos que apenas funcionan, bajos niveles de diversidad en los campo, problemas de plagas cada vez mayores…

¿Cómo podemos mejorar esta situación?

En el año 1984 nació IRAC (Insecticide Resistance Action Committee), el Comité de Acción contra la Resistencia a Insecticidas, formado por especialistas técnicos y asesores científicos. España entró a dicho comité en el año 2000. Este comité se encarga de estudiar estas resistencias y emitir comunicados para alertar de posibles resistencias de plagas a ciertos productos.

En su página web de IRAC ESPAÑA (https://irac-online.org/countries/spain/) se pueden encontrar alertas de resistencias de plagas a determinados productos. De los últimos avisos que tienen está la resistencia de Ceratitis capitata (la mosca de la fruta) a piretroides.

Una de las soluciones que se proponen es no emplear siempre los mismos productos o que tengan el mismo modo de acción sobre una misma plaga, ya que podría suceder lo narrado en el ejemplo.

Si en ese caso, hubiéramos empleado en el segundo año un fitosanitario con otro tipo de elementos químicos, otro modo de acción, podríamos haber retrasado mucho más la resistencia de las plagas a esos productos.

Para facilitar esto, IRAC ha creado una imagen en la que se clasifican diferentes materias activas en grupos según su modo de acción. Así, facilitan la elección del producto fitosanitario para su aplicación.

A continuación os dejamos el enlace para que podáis descargar la imagen con los grupos de materias activas según su modo de acción.

Otra solución, más efectiva a largo plazo, es el reinstaurar la diversidad biológica que existía previamente a la aplicación de tratamientos indiscriminados. En la actualidad, es muy común ver sueltas de insectos beneficiosos (sobre todo en invernaderos, dado su fácil manejo y control en un entorno aislado) o el uso de productos más respetuosos con la fauna auxiliar, así como la implantación de setos.

Este problema no solo afecta a agricultores que producen vegetales, los ganaderos también tienen una situación similar a esta, pero con las enfermedades de los animales de los que cuidan. Se están encontrando con que ya existen bacterias resistentes a los tratamientos, y deben ser muy cuidadosos con estos, ya que un mal tratamiento podría desembocar en una nueva “cepa” o especie de bacterias ultra resistentes a tratamientos. Esto puede ser también muy peligroso porque algunas de estas enfermedades podrían incluso afectar a humanos (y si no hay antibióticos ni tratamientos para los animales, tampoco servirán en humanos, así que cuidadín).

Para realizar tratamientos fitosanitarios, contactad siempre con un ingeniero que esté actualizado en temas de control de plagas; así como para tratamientos en granjas, con veterinarios e ingenieros que os puedan ayudar a controlar la enfermedad.

Debemos tener en cuenta que la tierra es un préstamo de nuestros hijos, y debemos dejársela lo mejor que podamos para que ellos también puedan disfrutar de los alimentos que ofrece, así como de sus paisajes y sus maravillas.

Si queréis profundizar más en este tema, en mi Instagram @agrocosas tenéis una serie de publicaciones relacionadas con este tema, entre otros muchos más.

Un saludo a todos y todas,

Hasta el próximo artículo.

Referencias
• IRAC ESPAÑA: https://irac-online.org/countries/spain/
• Darwin, evolución y selección natural: https://es.khanacademy.org/science/ap-biology/natural-selection/natural-selection-ap/a/darwin-evolution-natural-selection

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